313-40: Cuatro años, una tesis, nuevos caminos

 

 

Este año comenzó con el fin de un ciclo. El 7 de enero fue mi examen doctoral (eso es a lo que llamo iniciar el 2016 con mucha actividad). Defendí la tesis Imaginar un mundo mejor: La expresión pública de los activistas en internet, ante un jurado de lujo, integrado por los doctores María Martha Collignon, Rossana Reguillo y Geoffrey Pleyers.

En 313 páginas de tesis y 40 minutos de exposición se condensaron los hallazgos de cuatro años y medio de trabajo y se esbozaron algunas líneas para los próximos años. Tengo mucho que agradecer a mis profesores y compañeros del doctorado, a los colegas que he conocido en los congresos y a los familiares y amigos que han soportado mi trabajo en este tiempo. Por supuesto, agradezco enormemente a Libros Vagabundos y Amigos Pro Animal, los grupos activistas que confiaron en esta desconocida y me permitieron ver el mundo desde su perspectiva, para discutir cómo se configura la expresión pública en nuestros tiempos.

Al principio de este post decía que el examen representó el fin de un ciclo, un rito de paso, el cierre oficial de cuatro años de doctorado, que implicaron trabajo también en los meses previos y posteriores; pero en esto hay muchas continuidades, queda trabajo pendiente a partir de la tesis, hay otras preguntas, nuevas inquietudes y muchas incertidumbres.

 

Las fotos que acompañan este post son de Marcela de Niz y Fernando Cornejo.

Open democracy, open movements

Desde hoy, el comité de investigación 47 “Clases sociales y movimientos sociales”, de la International Sociological Association, tiene un nuevo espacio en openDemocracy. Éste lleva por nombre openMovements. La idea, de acuerdo con Breno Bringel y Geoffrey Pleyers, es abrir los estudios sobre movimientos sociales en cinco modos: 1) conectar los movimientos sociales y la sociedad; 2) abrir el diálogo con y aprender desde el sur; 3) combinar escalas locales, regionales, nacionales y globales; 4) aprender de y con los movimientos sociales; 5) abrir un espacio para las sociologías públicas de los movimientos sociales. En suma, se pretende abrir el diálogo sobre movimientos sociales, más allá de los circuitos académicos tradicionales. Es, sin duda, una excelente iniciativa.

La primera participación en Open Movements es de Boaventura de Souza, con “The Podemos wave”. Como su título anticipa, este artículo aborda el caso de Podemos en España. ¡A leer y a discutir!

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Divagaciones nocturnas sobre la escritura académica

Este día me he dedicado a escribir y escribir y escribir. Re-escribí parte de unos capítulos de mi tesis y corregí un par de capítulos de libro —ambos en coautoría con colegas—, por supuesto, mientras tomaba café y contemplaba la lluvia desde la ventana. Entre tanto tecleo, pensé dos cosas. En primer lugar, que amo tanto lo que hago, entre otras cosas, porque me resulta intelectualmente desafiante, me hace buscar ir más allá de lo que creo que puedo y eso a veces resulta angustiante, pero siempre termina por ser gratificante. En segundo lugar, que el trabajo en equipo es una maravilla. Vaya, escribir en coautoría es muy complicado, desde los asuntos prácticos de hacer que converjan las agendas o que el estilo se vea más o menos uniforme, hasta los asuntos de fondo de establecer acuerdos respecto a perspectivas, conceptos, prioridades y más; pero eso tiene sus ventajas, permite enfrentarse a la mirada de los otros desde el proceso mismo de producción y obliga a dar varias vueltas sobre lo que uno escribe.

Nota suelta sobre análisis de redes sociales

“Las redes no valen para todo”, dijo Ignacio Ramos Vidal a propósito de la perspectiva de las redes sociales. Lo primero que necesitamos es tener claro por qué queremos introducir el concepto de red en la pregunta de investigación, para ver si es congruente. Esto fue en el taller “Estrategias de evaluación y análisis estructural de redes sociales”, del 1st. Summer Seminar on Social Network Analysis, en la UAA.

Nota suelta sobre CLEPSO

En otro post comentaba que Jesús Martín Barbero lanzó una pregunta clave, en un encuentro con investigadores de comunicación de distintas generaciones: ¿qué tiene que ver lo que a mí me gusta y lo que yo investigo con lo que está sufriendo mi país? Algo que me llamó la atención en CLEPSO (el 1er. Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Posgrado en Ciencias Sociales, organizado por FLACSO México) fue que gran parte de las ponencias ahí presentadas evidenciaban los conflictos y desigualdades de nuestros países latinoamericanos. Resulta esperanzador ver que los estudiantes estamos mirando hacia eso que están sufriendo nuestros países.

Somos diferentes, somos iguales, vivimos juntos

Nuestro siglo XX iba a ser mejor que los pasados.

[…]

Ciertas desgracias no iban

a suceder más:

por ejemplo, la guerra

y el hambre, y tantas otras.

Wislawa Szymborska

De pronto, el mundo parece un lugar terrible. En estas semanas han sido una constante las noticias sobre la expansión del virus del ébola, primero en África y después en Europa y Norteamérica. En México, hace 20 días hubo una masacre de estudiantes normalistas en Ayotzinapa, de los cuales 43 aún están desaparecidos. En Aguascalientes, mi ciudad, se han registrado también varios desaparecidos, que son etiquetados por las autoridades como casos aislados. ¿Qué tienen en común una emergencia sanitaria, la violencia que viene tanto del crimen organizado como de la policía y la indiferencia del gobierno? Más allá de los mil y un factores que se interconectan en cada problemática específica, el común denominador es la desigualdad. El problema del ébola no se tomó en serio hasta que llegó a primer mundo, es como si la muerte de ciudadanos africanos no importara. La matanza y el secuestro en Ayotzinapa trae a la memoria otros casos como los de Atenco, Aguas Blancas y Acteal, para los cuales no ha habido respuesta en años. Es como si ellos fueran ciudadanos de segunda. Finalmente, los familiares y amigos de los desaparecidos en mi ciudad enfrentan la ineficiencia de las autoridades y la indiferencia de sus conciudadanos. Es como si su ausencia en nuestras calles fuera un problema menor.

Somos distintos. Nos han enseñado que es normal que haya unos más privilegiados que otros y también que haya pobreza, hambre, exclusión, falta de oportunidades, violencia, corrupción. En otras palabras, hemos naturalizado la injusticia. Nancy Fraser, filósofa estadounidense, reconoce dos tipos de injusticias: las socioeconómicas, que son una consecuencia de la estructura político-económica de la sociedad, y las culturales o simbólicas, que se sitúan en los patrones de representación, interpretación y comunicación. Las luchas contra las injusticias socioeconómicas apelan a una redistribución económica, las luchas contra las injusticias culturales o simbólicas se traducen en una búsqueda de reconocimiento.

Como dice el poema de Wislawa Szymborska, “nuestro siglo XX iba a ser mejor que los pasados”. En este contexto, la democracia prometía que todos seríamos iguales. Los marcos normativos de las democracias, en distintos niveles, establecen ciertos derechos que tenemos como seres humanos, como ciudadanos o como sectores específicos de la sociedad. Sin embargo, a veces las leyes son insuficientes e inadecuadas, a veces no son exigibles y justiciables y a veces, aunque todo el entramado sea una maravilla, las desigualdades persisten. Nuestro esperado siglo XXI no tiene coches voladores ni robotinas que se encarguen de las labores domésticas en los hogares promedio. En cambio, tiene unos niveles de desigualdad increíbles, que no se reducen a las estadísticas sobre desarrollo humano y otros indicadores, sino que se viven con dolor e incertidumbre entre quienes sufren/sufrimos las desigualdades (recordemos que a veces estamos de un lado, a veces de otro).

Este año, la iniciativa de Blog Action Day para postear sobre la desigualdad es un granito de arena para hacer visible el problema. El asunto es qué hacer, más allá de las palabras, para agotarla. Quizás la clave es el reconocimiento. Reconocer al otro como alguien diferente, pero con iguales derechos, puede contribuir a la construcción de otro mundo posible; eso implica reconocer que hay distintos proyectos de ciudad y de mundo que deben aprender a coexistir. Suena utópico, pero conozco bastante de cerca a grupos que luchan por revertir las desigualdades, así como por imaginar y construir ese mundo mejor. Pienso en grupos locales con los que he convivido en distintos niveles y por distintas razones, como Amigos Pro Animal, Libros Vagabundos, Casa del Migrante Camino a la Vida, The Inventor’s House, Bicicálidos, el Movimiento Fotocaminante, Casa Semillas, Conciencia Ecológica, Gatos para Todos, la Colectiva Feminista, el Observatorio de Violencia Social y de Género de Aguascalientes, Francisco Delgadillo y el grupo de gente que trabaja en Pastoral Penitenciaria, los jesuitas, los que apuestan por el buen periodismo, en fin, la lista podría continuar por los siglos de los siglos. Los esfuerzos no son pocos, pero los problemas son muy grandes y requieren de mucho trabajo. Entre quienes estamos interesados en esto, cada uno tendrá su apuesta para contribuir al cambio.

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Esta foto fue tomada en el Segundo Festival Cultural Vagabundo, de Libros Vagabundos. “Cambiar el mundo, que no es locura ni utopía, sino justicia”, dice.