Divagaciones nocturnas sobre la escritura académica

Este día me he dedicado a escribir y escribir y escribir. Re-escribí parte de unos capítulos de mi tesis y corregí un par de capítulos de libro —ambos en coautoría con colegas—, por supuesto, mientras tomaba café y contemplaba la lluvia desde la ventana. Entre tanto tecleo, pensé dos cosas. En primer lugar, que amo tanto lo que hago, entre otras cosas, porque me resulta intelectualmente desafiante, me hace buscar ir más allá de lo que creo que puedo y eso a veces resulta angustiante, pero siempre termina por ser gratificante. En segundo lugar, que el trabajo en equipo es una maravilla. Vaya, escribir en coautoría es muy complicado, desde los asuntos prácticos de hacer que converjan las agendas o que el estilo se vea más o menos uniforme, hasta los asuntos de fondo de establecer acuerdos respecto a perspectivas, conceptos, prioridades y más; pero eso tiene sus ventajas, permite enfrentarse a la mirada de los otros desde el proceso mismo de producción y obliga a dar varias vueltas sobre lo que uno escribe.

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