Las dos Nedas y los desafíos de la información

Un instante puede cambiarlo todo. En 2009, alguien grabó la muerte de una joven en alguna calle de Irán, durante las protestas contra las irregularidades en las elecciones presidenciales de aquel país. El nombre de la víctima, se dijo entonces, era Neda Soltani. Su rostro fue difundido en espacios noticiosos, pero también se multiplicó en las pancartas de las manifestaciones e, incluso, en espacios virtuales como Tribute to Neda Soltani and others. Neda se convirtió en un símbolo de la lucha en Irán. Lo que entonces no sabíamos era que la Neda cuya fotografía había sido obtenida de su perfil en Facebook era una diferente de la que había muerto. Desde entonces, el rostro presentado por la familia de Neda, era diferente del que se volvió un símbolo, como puede observarse en esta nota en BBC Mundo.

En 2010, el New York Times presentó una nota con la historia de Neda. Quien murió fue Neda Agha-Soltan, pero el rostro que habíamos conocido fue el de Neda Soltani, una profesora universitaria, que fue identificada erróneamente a partir de una foto de Facebook. Por eso los dos rostros no coincidían del todo. Las presiones del gobierno iraní para descalificar la noticia de la muerte de una Neda, mediante la presentación de la otra Neda, fueron tan fuertes, que esta segunda Neda, la viva, terminó por escapar de Irán y pedir asilo en Alemania. Esta información, sin embargo, no se expandió con la misma velocidad y el mismo alcance de las noticias que, un año antes, explotaban la imagen de una mujer muriendo en la calle, a la que más tarde llamaron Neda Soltani.

The Guardian corrigió sus notas hasta 2011: “This article was amended on 2 Jun 2011. The original referred to the death of Neda Soltani during a demonstration in Iran. That is the name of a different individual. This has been corrected” (“Este artículo fue corregido el 2 de junio de 2011. El original se refería a la muerte de Neda Soltani durante una manifestación en Irán. Ése es el nombre de otra persona. Éste ha sido corregido”), puede leerse en la nota “How Neda Agha-Soltan became the face of Iran’s struggle”, así como en otros materiales noticiosos del medio.

Finalmente, en 2012, algunos medios publicaron entrevistas con Neda Soltani, a propósito de la publicación de su libro My stolen face: The story of a dramatic mistake (Mi rostro robado: La historia de un error dramático), en las cuales declaró que el error de los medios le arruinó la vida. Neda Soltani ha declarado que intentó contactarse con diversos medios para señalarles la equivocación, pero que no obtuvo respuesta.

La historia de las dos Nedas nos permite reflexionar sobre las implicaciones del uso de las imágenes obtenidas de internet —y no de manera directa de su fuente— y de los controles de calidad en la información periodística, en un tiempo en que la velocidad en la información se asume como un valor y, tal vez, como una exigencia. ¿La necesidad de informar prácticamente en tiempo real justifica el uso de imágenes que las personas comparten con sus contactos en Facebook? ¿Cómo podemos entender, en casos así, la tensión entre el interés público y la privacidad? Sobre todo, resulta importante discutir sobre la capacidad de los medios para aceptar los errores cometidos en el trabajo cotidiano. Quizás haya errores simples que no pongan en juego la vida de una persona, otros sí, muchos ponen en riesgo la reputación de los implicados.

Publicado originalmente en Coordenadas móviles, en Razón y Palabra.

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