Alguna vez el módem hizo ruido: La incorporación de internet en la vida cotidiana

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

Publicada  el 13 de noviembre de 2012.

 

El día que el hijo pequeño de una amiga visitó la oficina de su padre, se sorprendió mucho porque por más que presionaba los íconos en el monitor de la computadora de escritorio, las aplicaciones no se abrían como en el iPod. Hubo que explicarle al niño que esa pantalla no era táctil y no podía creerlo. Se ha vuelto lugar común llamar “nativos digitales” a estas generaciones, yo prefiero hablar de momentos de incorporación de la tecnología en la vida cotidiana. Cada uno de nosotros tiene su propia historia de cuándo y cómo usó una computadora, un celular, otro dispositivo móvil, por primera vez; o de cuándo y cómo se conectó a Internet, qué sitios visitaba y qué actividades realizaba.

La experiencia de un segmento importante de quienes empezamos a usar Internet en la segunda mitad de la década de los 90, incluye aquellas lentas conexiones telefónicas, cuyo sonido tan característico anunciaba que en unos minutos se entraría a Internet, mientras se dejaba sin servicio telefónico a la casa o la oficina desde donde se tenía acceso. Es también un lugar común decir que el servicio era mucho más lento y que la lógica de aquello que ahora es nombrado web 1.0 era distinta, estaba más centrada en la difusión de información que en la interacción, aunque ésta última también se producía, principalmente a través de chats.

Quizá por eso me hizo tanto sentido la reflexión sobre la red, que atraviesa una tira cómica de Bunsen —“Arturo Navarra, el abuelito del Internet”—, en la cual se hace memoria de esas conexiones telefónicas tan lentas, que se vinculaban con actitudes diferentes respecto a la visualización y descarga de materiales, así como de las formas de establecer relaciones a través de Internet. Sobra decir que, por mucha nostalgia que traiga el sonido del módem de los años 90, nadie en su sano juicio estaría dispuesto a renunciar a nuestras conexiones de ahora para regresar a las telefónicas. Sin embargo, recordar es compartir la experiencia en torno a la incorporación de Internet en la vida cotidiana en un momento concreto.

Esto no es una historia que pueda dividirse en dos etapas fijas —antes y después—,  es más bien una historia que se teje a partir de acontecimientos, usos, aplicaciones, lógicas y otros elementos, ubicados espacio-temporalmente. Como todas las historias, ésta se cuenta desde la experiencia de sujetos concretos. La relación que establecemos en, con y a través de Internet, tiene que ver con el momento y el modo en que lo incorporamos en nuestra vida cotidiana.

En el futuro habrá quienes hablen de las lentitudes de la banda ancha; otros, como el hijo de mi amiga, seguro compartirán historias sobre cuán sorprendentes resultaban aquellos monitores obsoletos que no eran táctiles. Nosotros —y este nosotros agrupa no sólo a personas de la misma edad, sino a quienes compartimos esa experiencia noventera de Internet— mantendremos en la memoria el ruido del módem.

De cómo unas cosas permiten ver otras…

Leí muchas reseñas de Después de Lucía y, en prácticamente todas, decía que la película abordaba el bullying. Ricardo, un amigo que ya la había visto, me dijo que el tema no era el bullying en sí mismo. Después de verla, comentaba con él que, efectivamente, el bullying es un elemento clave de la historia, pero es una especie de pretexto para ver otras cosas, como los sentimientos de culpa y de vulnerabilidad.

 

Lo mismo ocurre en otras películas. Justo ahora, viene a mi mente La llave de Sara (Elle s’appelait Sarah), donde un elemento importante, que se aborda tangencialmente pero le da sentido a toda la historia, es la culpa que carga Sarah durante toda su vida. La culpa, de algún modo, también está presente en Julia, por ocupar el espacio del cual fue despojada una familia judía en 1942. El holocausto es aquello que permite ver el sentimiento de culpa.

 

La culpa también está en Secretos peligrosos (The whistleblower), la experimenta Kathryn por haber prometido a las chicas que resolvería la situación de total indefensión en la que se encuentran frente a la explotación sexual en un país que no es el suyo… y por ver cómo casi todos son testigos insensibles de la injusticia. En esta historia, basada en hechos reales, la culpa es también un asunto clave.

No es casualidad que sean historias de mujeres. A nosotras se nos enseña a sentir culpa. ¿Será que otros mundos son posibles?

El diario en línea. Metodología para el análisis y la reflexión sobre Internet y las prácticas políticas entre universitarios

Hace unos días la Revista Latinoamericana de Metodología de Investigación Social publicó el artículo “El diario en línea. Metodología para el análisis y la reflexión sobre Internet y las prácticas políticas entre universitarios”, cuyas autoras somos Rebeca Padilla, Dolores Villalpando y quien esto escribe. Esperamos que este artículo sea de utilidad para otras investigaciones.