Entre el anonimato y el exceso de visibilidad

De mi columna Coordenadas móviles, en Razón y Palabra.

 

“El stalking es una forma de etnografía virtual”, me dijo una amiga cierto día. No es complicado enterarse de muchos detalles de las vidas de los otros, cuando las actualizaciones de Facebook, Google Plus, Twitter y FourSquare se agolpan en las pantallas. Esto evidencia diferencias significativas, no sólo respecto a las prácticas de comunicación de la era pre-internet, sino de las propias prácticas de comunicación en los primeros años de la explotación comercial de la red.

En la década de 1990, la interacción en los chats, mediante el uso de nicknames —en ausencia de indicadores sobre sexo, edad y aspecto físico— desafiaban los modos de entender la comunicación. En aquel tiempo, gran parte de los estudios de comunicación mediada por computadora enfatizaban el anonimato como característica de estas prácticas, así como las posibilidades de gestión de la identidad. Los recursos de presentación de una identidad construida para interactuar en línea, que podía coincidir o no con la “identidad real” —lo que sea que eso signifique— eran considerados por unos en términos de posibilidades creativas, mientras que otros se alarmaban ante los riesgos de los usos de estos recursos.

En 20 años, las prácticas y las interfaces se han transformado enormemente. El uso de fotografías y videos, muchas veces en tiempo real, así como la popularización de las aplicaciones basadas en servicios de geolocalización, plantean otros desafíos al estudio de la comunicación y la cultura. Muchas preguntas ahora giran en torno al exceso de visibilidad en la red, en dos sentidos: En primer lugar, en términos de un desplazamiento en las concepciones sobre lo público y lo privado; sobre esto, algunos autores, como Zygmunt Bauman, han planteado que nuestra época se caracteriza por el desdibujamiento de los límites entre la esfera de lo público y la esfera de lo privado. En segundo lugar, en términos de la gestión de la privacidad, a partir de las posibilidades de las interfaces para controlar quiénes pueden conocer qué de los usuarios; en este sentido, gran parte de las discusiones se enfocan en los riesgos del exceso de visibilidad y en las vulnerabilidades que todos los sitios de redes sociales tienen respecto a la privacidad, pero también en los usos creativos de las redes para controlar la información personal que se difunde, así como en otros usos enfocados en el rastreo de datos de los usuarios por diversos intereses y para diferentes propósitos. Las prácticas de comunicación en entornos digitales tienen múltiples dimensiones importantes para el análisis, pero también para la reflexión personal en torno a la interacción en internet.

En suma, se ha producido un desplazamiento en las discusiones, del anonimato al exceso de visibilidad. Lo anterior no significa que el anonimato en la red haya dejado de existir, las redes de WikiLeaks y Anonymous son casos concretos en los que el anonimato y la protección de la privacidad siguen siendo asuntos centrales; pero sí deja ver que este desplazamiento habla de un territorio de análisis caracterizado por las transformaciones permanentes en las prácticas y las discusiones sobre tales prácticas.

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