De presencias y ausencias

De mi columna en Razón y Palabra.

“No sé si me altera más la gripe o que nos quitaron el Facebook”, me dijo un compañero una mañana, luego de que en nuestro lugar de trabajo restringieron el acceso a Internet y nos dejaron sin Facebook, LinkedIn, Twitter, YouTube, Flickr, LastFM, blogs y mucho más. Desconozco los argumentos institucionales para tal decisión, pero intuyo que buscan evitar que alumnos, profesores y personal administrativo “perdamos el tiempo” en eso que consideran irrelevante, improductivo y, probablemente, hasta peligroso. Mientras tanto, para los afectados, la restricción significa la pérdida (al menos temporal) de lazos, de la posibilidad de participar en estas prácticas comunicativas que se han vuelto habituales e incluso la negación de la oportunidad de investigarlas.

Con el paso de los días es notable que los más activos usuarios de esas redes, van desapareciendo del mapa. Eso me lleva a varios cuestionamientos: ¿Son las redes sociales en línea fundamentales para vivir? ¿Restringirlas altera significativamente la vida? La respuesta es no. Sin embargo, considero que el malestar viene, por un lado, de la pérdida de libertad y, por el otro, de las ausencias frente a las presencias. Sobre esto último quiero centrar la reflexión.

Las redes sociales en línea han ganado visibilidad, fundamentalmente por dos fenómenos, el crecimiento en el número de usuarios — todos hemos visto notas de que Facebook alcanzó más de 300 millones de usuarios o que Twitter ha crecido en un 2500%, lo que sea que eso signifique, o que Ashton Kutcher tiene más de tres millones de followers también en Twitter — y la utilización de estos recursos para comunicar en medio de crisis políticas o en desastres naturales — los casos de Irán, Honduras y Venezuela siguen vigentes y los recientes reportes sobre el tsunami en el Pacífico Sur fluyen y se constituyen como una vía valiosísima de comunicación tanto para los afectados, como para los que vemos desde lejos —. Pero lo que atraviesa esos dos fenómenos es la incorporación de estas prácticas de comunicación en la vida cotidiana, que sólo ocurre cuando los usuarios deciden conectarse a través de uno o más sitios de redes en línea.

Cualesquiera que sean los motivos y propósitos que llevan a los sujetos a ser usuarios, hay un asunto de fondo: la presencia. Se puede estar a una oficina de distancia o al otro lado del mundo, pero la interacción constante en línea llega a ser algo cotidiano, para comunicar el estado de ánimo, relatar una conferencia desde el lugar en que ocurre, compartir enlaces a noticias y comentarlas, etiquetar gente en fotos y videos, comentar lo que publican los otros, conversar tanto sobre el aniversario de Mafalda como sobre las burradas de Juanito, pasar del test más simple en Facebook a la discusión teórica dura, incluso para desafiar lo mismo a la autoridad que a la propia intimidad.

Las vías son muchas y con bastante frecuencia se cruzan, a través de enlaces que llevan de un blog a Facebook, que a su vez está sincronizado con Flickr y Twitter, que a su vez permite compartir fotos en Twitpic o recuperar ranks de YouTube, que a su vez puede conducir al blog y así sucesivamente, de una red a otra, de una persona a otra, quizá de un interés a otro.

En todos estos ejemplos, el común denominador es que el otro se hace presente, aunque sea a distancia; participa, comparte y se involucra; su intervención se materializa en letras, fotos, videos, música, a veces incluso un simple emoticono que confirma que se está ahí.

Las implicaciones del sentido de presencia en las redes sociales en línea son muchas — ya las he discutido en otros espacios[1] —, quizá la más importante tiene que ver con la idea de proximidad, que ha trascendido el plano físico y ha dado lugar a otras formas de entenderla, con la mediación tecnológica. Pensando en las redes sociales en línea, estar lejos no significa estar ausente, porque se puede hacer presencia; pero desaparecer de la cotidianidad de estas redes sí equivale a estar ausente, a perder un lugar en el mapa por falta de contacto.


[1] Flores Márquez, D. (2008). Otras coordenadas: La lógica de formación de redes de bloggers. IX Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación. México: Tecnológico de Monterrey CEM, ALAIC.

 

—- (2009a). La vida en blog: Sentidos del blogging autobiográfico. Tesis de maestría. ITESO, Tlaquepaque, México.

—- (2009b). Estar con los otros: Construcciones de sentido en las redes de bloggers. VII Bienal Iberoamericana de la Comunicación. Chihuahua: Universidad Autónoma de Chihuahua, RAIC.

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